miércoles, 24 de agosto de 2016

La Carta de la Semana (25/08/2016): "EL ENTRENADOR"


Entre el medallero de los juegos olímpicos en Brasil, el comienzo de la vuelta ciclista a España y el reinicio de los partidos de la liga de futbol después de los anunciados y discutidos fichajes y los partidos de pretemporada, se nos ha ido casi el mes de agosto. A estas alturas del mes seguro que hemos bajado algún kilo por el esfuerzo deportivo realizado. Perdonen la ironía respecto al sillón-bol al que nos hemos dedicado la mayoría. Hemos escuchado la alta valoración que se realiza en relación al esfuerzo y la constancia de los deportistas que, para alcanzar una cota o nivel han debido renunciar a tanto y han debido realizar tanto esfuerzo y sacrificio personal. Y de esta manera, bien por tierra –atletismo- o por mar –natación- ser el más o la más rápida en tal modalidad o disciplina. Y rozar el récord. La frontera de lo humano, el límite al que, hasta el momento, hemos llegado.

Para cualquier deporte hacen falta tres aspectos que se combinen de manera adecuada: el talento personal –que incluya las dimensiones biológicas y psicológicas adecuadas a la que solemos llamar destreza-, una disciplina de entrenamiento constante y, en tercer lugar, una adecuada guía de la mano de un buen entrenador que ayude a hacer llegar la destreza natural al límite de lo posible. Cualidades, esfuerzo y entrenador. En solitario y por cuenta propia no se alcanza la excelencia. Es preciso por la confianza en el que sabe, en alguien que guíe nuestro esfuerzo hacia el éxito.

El entrenador no sube al cajón ni recoge la medalla. Pero está ahí, en las palabras de reconocimiento y gratitud del medallista. Tal vez un momento fugaz en un improvisado abrazo de felicitación después de un salto o al final de un partido. Los entrenadores. Sería bueno reconocer la valía y la importancia de aquellos que enseñan técnicas para sacar el máximo resultado a la naturaleza humana, aquellos que muestran el modo y la forma de hacer las cosas bien, técnicamente contrastada. Los educadores, los maestros, los profesionales de la enseñanza... Los entrenadores de la vida.

No hace mucho leía, en el corazón de la novela “El bar de las grandes esperanzas”, de J. R. Moehringer, que “(…) para hacer a un hombre hace falta un ejércitos de hombres, pues somos consecuencia de las acción de muchas personas que han configurado lo que somos”. Y de muchos maestros y entrenadores y formadores…, un ejército de técnicos de alto rendimiento vital que nos han dado aquellos adecuados consejos en el ámbito académico, social, interpersonal, espiritual, etc., de nuestra vida.

Muchas gracias a todos nuestros entrenadores.

miércoles, 17 de agosto de 2016

La Carta de la Semana (18/08/2016): "BRILLO EN LA MIRADA"


Hay personas que no necesitan pronunciar un discurso para transmitir, con modo fácil, mensajes cargados de elocuencia. Basta una mirada, una sonrisa, un gesto, para que entremos en el nexo del elocuente discurso que tiene como protagonistas nuestra mirada y su mero discurso facial. Es todo un don de Dios que algunas personas poseen: gritar con la mirada y ser capaces de responder casi sin palabras. En estos últimos días he tenido la ocasión de percibirlo de manera especial. Y reconozco que es un don que yo creo que no poseo, pero que envidio y admiro, de forma rabiosa, en quienes lo poseen.

No es lo mismo que te entreguen 150 gramos de jamón y te indiquen el coste económico como una gestión o transacción comercial a pequeña escala, que te miren y te digan con la mirada que se alegran de poder ofrecerte ese producto, que te desean una buena jornada y se alegran de haberte visto. Al final el euro y medio es el mismo en las dos opciones. Pero la opción B tiene un valor añadido que hace bien tanto a quien pronuncia ese elocuente discurso sin palabras que a quien lo recibe con su mirada.

Ver es una gracia. Pero saber mirar es dirigir con sabiduría la capacidad de ver para observar y captar el brillo de la realidad. Es percibir. Es atisbar.

Recuerdo a un compañero que regresaba de Roma de concluir sus estudios. Nos contaba la experiencia personal que tuvo en el Colegio Español cuando recibieron la visita de Benedicto XVI -Papa entonces- , y el saludo personal que les fue dando a los residentes del Colegio. Me llamó la atención cómo describió la mirada del Papa. “Tiene uno la sensación de que, en ese momento, para él, la única realidad eres tú, y te mira a ti como si fueras el centro de la realidad; te sientes mirado”. ¡Qué dicha! Que cuando dirigimos la mirada a las cosas y personas, especialmente a las personas, las miremos de ese modo: no de paso, superficialmente, sino percibiendo el brillo de la verdad presente en ellas.

Mirar así nos hace bien. Es una forma de anticipar la alegría y la felicidad. Mirar el brillo que tiene la realidad pone brillo en la mirada. Por eso, distinguimos con facilidad a aquellas personas que poseen esa manera brillante de mirar y elocuentes de decirnos que somos y estamos ante sus ojos.

“Los ojos siempre son niños”, decía el abuelo. Brillantes, como la mirada de un niño.

miércoles, 10 de agosto de 2016

La Carta de la Semana (11/08/2016): "EL VALOR DEL TIEMPO"


Lo decimos, lo repetimos, nos lo terminamos creyendo... Siempre algo -o alguien- nos despierta contradiciendo la aparente cereza. "No tengo tiempo para eso". No se trata de una reflexión filosófica sobre la naturaleza del tiempo, o una aproximación psicológica sobre la percepción del mismo. Es algo mucho más sencillo. Tenemos tiempo porque el tiempo es un don. Somos dueños -administradores, mejor- de un tiempo que hemos de emplear de manera inteligente y disfrutar de él como lo que es: ocasión, posibilidad, regalo, espacio de crecimiento, posibilidad de solidaridad, etc. El tiempo es un tesoro que sí tenemos, que administramos, del que somos responsables y del que, estoy convencido, se nos pedirá cuenta como del amor que hemos puesto en cuanto hicimos en nuestro tiempo.

Algunos perdemos el tiempo. Como si se nos cayera del bolsillo sin percibir que no es una realidad estática que podemos guardar en una caja fuerte existencial. Lo perdemos por inactividad, o en actividades absurdas. Dedicamos nuestro tiempo a perderlo. Como niños que juegan y se esconden de aquel que cuenta con los ojos cerrados hasta que grita: "tiempo". Reducir la vida a tiempo contado para escondernos de la realidad en un juego de lo políticamente correcto.

No tenemos tiempo de decir "te quiero", porque repetir lo que ya se sabe es perder el tiempo. No tenemos tiempo de "pedir perdón", porque hemos definido a algunas personas como personas con las que no vale la pena perder nuestro tiempo. Y otras muchas lindezas de nuestra extraordinaria organización del tiempo que nos mantienen ocultos mientras el niño que fuimos sigue contando con los ojos cerrados, apoyado al viejo tronco de un pino quemado.

Tenemos mucho tiempo. Y tenemos tiempo para todo. No sólo porque escribo desde la certeza de que somos seres llamados a la trascendencia y que después de esta vida temporal nos aguarda un espacio de eternidad definitivamente divina, sino porque el tiempo que llevamos en los bolsillos de nuestra temporal existencia da para más de lo que creemos. La necesidad de despertar del juego es real. Necesitamos que se nos ayude a darle una nueva dimensión al tiempo de espera lleno de posibilidades hermosas.

Sólo se aburre quien pierde el tiempo. Y mira que es absurdo: perder lo que has recibido como don y quejarte de que no tienes tiempo. Cuánta razón encierra la reprensión del apóstol Pablo cuando nos advierte: "... tan ocupados en no hacer nada". Y esta ocupación la llenamos de prisas de tal forma que nos escondemos detrás de la prisa para no reconocer el tiempo. 

Qué tontos somos... Dicen que es obra de Dios la creación del tiempo. La obra humana es, sin duda, la prisa.

miércoles, 3 de agosto de 2016

La Carta de la Semana (04/08/2016): "UNAS VACACIONES HÁBILES"


Un buen número de personas han comenzado este mes su período de descanso vacacional. Agosto es en España un mes inhábil en muchos sectores de la vida social, al menos, un mes ralentizado para numerosas gestiones. Por eso, tengamos o no vacaciones en agosto, toda España está distinta el mes de agosto. Las vacaciones las disfrutamos o las sufrimos, pero todos las experimentamos. Es un derecho social tener periodos de descanso. Diariamente, semanalmente y, como ahora, anualmente. El descanso como derecho y como necesidad.

En poco más de dos semanas volverán a aparecer reflexiones en los medios de comunicación sobre el síndrome posvacacional. Después de un periodo de inactividad, volver a iniciar la actividad parece que resulta traumático. Si esto ocurre es porque, o bien el trabajo lo enfocamos mal o bien las vacacionas las programamos mal. Tener en la vida tiempos que rompen de forma radical el devenir del tiempo no termina de ser ocasión verdadera de descanso. Para algunos las vacaciones son organizadas como un tiempo para realizar otras actividades que, ordinariamente, no pueden ser realizadas en medio de los compromisos laborales. Es un derecho el descanso, pero es un deber descansar bien. La familia, los amigos, la lectura, las visitas, el descanso, el turismo, etc., debemos combinarlo de tal manera que salgamos del periodo vacacional verdaderamente con las “pilas cargadas” y con ganas de retomar la actividad laboral.

Las vacaciones deben servirnos, como todo lo que hacemos, para crecer y desarrollarnos. Si no, tendremos vacaciones, pero no vendrán en nuestra ayuda verdaderamente. Si después de un mes de vacaciones no hemos descansado, no hemos profundizado nuestros vínculos familiares, no hemos enriquecido nuestro bagaje cultural, no hemos resintonizado espiritualmente…, entonces sí que tendrán razón los predicadores del síndrome posvacacional.

La semana pasado, en una conversación, me comentaba alguien que un familiar cercano iba a pasar el mes de agosto, sus vacaciones, en Cabo Verde. Que en años anteriores las pasó en otros países de África realizando actividades solidarias. Me decía que se trata de una experiencia que describe como llenas de entusiasmo. Para otros sería gastar el mes de descanso sin descansar. Para él, cambiar de actividad es tan gratificante que lo verifica en su trabajo a lo largo del año. No todos podremos hacer eso, pero sí que todos podremos hacer de nuestro período de descanso una ocasión para la generosidad, la compasión, el crecimiento personal y la recuperación de vínculos interpersonales. 

Qué bueno que hayamos incorporado las vacaciones a la lista de derechos sociales.

miércoles, 27 de julio de 2016

La Carta de la Semana (28/07/2016): "A LA CAZA DEL POKÉMON"


Buscando y cazando pokémon. El juego en red del verano. En busca y captura de estos protagonistas de ciencia ficción de aquel juego de cartas de décadas anteriores. “¡Venusaur, Charizard, Blastoise, Pikachu, y otros muchos Pokémon se han descubierto en el planeta Tierra! Ahora es tu oportunidad para descubrir y capturar a los Pokémon a tu alrededor: así que ponte los zapatos, sal, y explora el mundo. Te unirás a uno de los tres equipos y combatirás por el prestigio y la propiedad de los Gimnasios con tu Pokémon a tu lado”. Y salimos en su busca. Y hasta la Dirección General de Tráfico nos previene que durante la conducción evitemos el juego. Es un tema relevante.

El homo ludens que somos necesita del entretenimiento y el juego; del ocio que nos ayuda a descansar cambiando de actividad. Un muñeco puede ser objeto de afición. Nos sitúa en el grupo de cazadores de la tribu, y nos hace capaces de despertar la sagacidad y astucia en la captura. Nuestro ancestral origen se despierta en esta lucha virtual que circunda toda la faz de la tierra. Ah, claro; hemos de activar nuestro localizador en el móvil. Los ingenieros diseñadores del juego nos tendrán localizados y sabrán de nuestras aficiones y movimientos. Conocerán nuestros gustos y nuestra capacidad de actividad. ¿Será tan inocente el juego? ¿Tendrá alguna repercusión para nosotros en el futuro?

Por ahora, quien escribe prefiere jugar en el ámbito de lo real. Prefiere que sea su libre albedrío el que decida dónde localizar geográficamente su humana realidad. Y leer lo que decida, y decidir dónde ir y de dónde volver. Son aspectos que no necesitan localizador. Sin embargo hemos de reconocer la extraordinaria creatividad de los creadores del Pokémon Go.

El hecho de buscar, encontrar y conseguir es extraordinariamente exitante para nuestra psicología. Podríamos definirnos como homo quaerenti, o aquel que se identifica en buscar: el buscador. Efecto de nuestra naturaleza inteligente que se pregunta por las cosas y desea encontrar respuestas. Buscamos saber y se convierte en conocimiento en un valor; buscamos saber hacer y se convierte el trabajo en un valor; buscamos a quien amar y se convierte el otro en un valor. No nos contentamos con lograr y encontrar cosas; anhelamos un encuentro grande tras una búsqueda definitiva.

¿Y si, apelando al realismo, nos animáramos a otro juego? Lo llamaría “God Go”, y consistiría en descubrirle donde dijo que estaría (Mt 25, 31-46). Y corretearíamos sin desfallecer en busca de quien tiene hambre y sed, está enfermo en la cárcel, es forastero o refugiado…

Y llenaríamos nuestra App de presencias reales y el Cielo de tesoros.